Durante décadas hemos usado protectores solares químicos sin preguntarnos demasiado por su seguridad. Sin embargo, en los últimos años la ciencia ha empezado a mostrar datos que han encendido alarmas: estos ingredientes no se comportan como creíamos y pueden entrar al organismo en cantidades significativas. Esto no significa que hoy estén catalogados como tóxicos, pero sí que no podemos asumir que sean seguros sin estudios adecuados que evalúen su efecto en el cuerpo humano